Impresionante anécdota en la vida del Papa Juan Pablo II, donde le pide a un sacerdote que se volvió mendigo y se dio a la mala vida, que lo confesara. Posteriormente el Papa confiesa al sacerdote, le levanta el impedimento y le tiene preparada una parroquia de Roma. Un ejemplo que habla de la misericordia de Dios que siempre está dispuesto a acoger al peor de los pecadores si este se arrepiente y quiere cambiar de vida.