Unidos por su inmenso amor a Cristo
conversan Pedro y Pablo ardientemente.
Es en Jerusalén tan alto encuentro
y es Pedro quien ejerce de anfitrión.
Se sinceran los dos. Pablo recuerda
con dolor y vergüenza su pasado
de atroz perseguidor de los cristianos.
«Que el Maestro aun así me perdonara
y en persona además a mí me hablara
es tal prueba de amor que me subyuga».
«Lo mío fue peor ‒le dice Pedro‒.
De entre todos me quiso como amigo
y yo lo traicioné, yo fui un cobarde.
La noche en la que más falta le hacía
la espalda le volví y desamparado
en manos lo dejé del enemigo.
No obstante a mí también me perdonó».
Lector que estás leyendo este poema,
de estímulo te sirvan los ejemplos
de estos dos grandes santos que supieron
enterrar para siempre sus pecados.

También te puede interesar...

Artículo anteriorLa justicia francesa condena a morir a Vincent Lambert
Artículo siguienteUn grupo de amigos se hacen servidores de Dios
Andrés García-Carro
Andrés García-Carro nació en La Coruña en 1968 y desde 2017 reside en Palma de Mallorca. Fruto de su incursión en la red social Facebook, donde puede decirse que ha creado un nuevo género literario, ha publicado los siguientes libros: Pintadas contra Zapatero, Interactivo, Por amor a España, De mal en Rajoy, Católico, ergo antiliberal, Un aguafiestas en la fiesta de Satanás, Contra la demoniocracia, Por Dios y por España y Reflexiones a la luz de la Fe y doce poemas religiosos. Además ha publicado libros de narrativa, aforismos y poesía. Su voz en defensa del Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo se ha escuchado en las tertulias políticas de Territorio Lince y En la Boca del Lobo, de Cadena Ibérica y Radio Ya respectivamente, así como en algunas entrevistas que le ha hecho Javier Navascués en el prestigioso programa Butacas Vacías de la productora católica Agnus Dei.