Tras muchos años participando en diferentes obras de evangelización católicas doy fe de que generalmente la mayoría de proyectos que he conocido se tienen que autofinanciar y pasar muchas penalidades para poder realizar su labor, con frecuencia de manera precaria y hasta cutre en muchas ocasiones. Es muy raro hoy en día encontrar bienhechores para apoyar estas causas por muy buena que sea la intención y el contenido.

He visto muchas grandes plataformas que podían haber hecho un bien inmenso y que han tenido que cerrar por falta de medios y por deudas, cuando entre todos hubiese sido muy fácil mantenerlas a poco interés que se hubiese tenido.

Y sin embargo hablando con un amigo me decía que los evangélicos suelen ser muy generosos a la hora de apoyar sus obras de evangelización pues muchas veces están más convencidos ellos en su error que nosotros en la Verdad.

Es curioso como los católicos, que pertenecemos a la única y verdadera Iglesia que fundó Cristo en San Pedro y ha tenido sucesión ininterumpida hasta la fecha somos tan remisos a la hora de apoyar la evangelización, ya sea económicamente, ya sea dando el tiempo libre. Debería escandalizarnos ver más celo y fervor muchas veces en escisiones heréticas.

Por supuesto siempre hay católicos ejemplares muy entregados con su tiempo, sus medios y su vida a las obras de la Iglesia. Ahí dejo la reflexión, probablemente lo más duro del Evangelio sea amar con daño propio, esto es no dar de los superfluo, de lo que nos sobra sino incluso de los necesario.