El padre de la Compañía de Jesús Ismael Bárcenas ha causado escándalo recientemente negando en las redes sociales la existencia del infierno. Es muy grave que un sacerdote niegue un dogma de manera pública, arrastrando a muchas con su error.

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Sin embargo otro sacerdote el P. Samuel Bonilla le ha corregido con caridad, pero con firmeza.

El jesuita volvió a replicar que para ser seguidor de Cristo se debe creer solamente su misericordia.

Sin embargo, el Padre Bonilla citó las afirmaciones del infierno del Catecismo de la Iglesia:

La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, “el fuego eterno” (cf. DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; Credo del Pueblo de Dios, 12). La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira.

Las afirmaciones de la Escritura y las enseñanzas de la Iglesia a propósito del infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar de su libertad en relación con su destino eterno. Constituyen al mismo tiempo un llamamiento apremiante a la conversión: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que la encuentran” (Mt 7, 13-14):

Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. En la liturgia eucarística y en las plegarias diarias de los fieles, la Iglesia implora la misericordia de Dios, que “quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión” (2 P 3, 9):

 

1 Comentario

  1. Los jesuitas están echados a perder, desde hace décadas…
    ¡Solo hay que ver al Papa actual!

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