La dama católica tiene que ser femenina antes que feminista, debe ser modesta, elegante y tener la delicadez propia de la feminidad, como el caballero debe tener las virtudes propias de la masculinidad.

Hoy en día muchas de las feministas han perdido toda la feminidad y defienden el feminismo con un estética que dista mucho de la elegancia de una mujer.

Por eso animamos a las damas católicas a vestir y a ser dignas imitadoras de la Santísima Virgen María, modelo de todas las mujeres.

Feminidad y masculinidad son entre si complementarios no solo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico. Solo gracias a la dualidad de lo masculino y de lo femenino lo humano se realiza plenamente. Juan Pablo II, carta a las mujeres 29-VI-1995 Madrid, Documentos palabra DP-60, 152.