El hombre viejo que todos llevamos dentro tiende a fijarse en la belleza física que se ve exteriormente y dejarse deslumbrar por ella sin mirar tanto la belleza interior que es lo que verdaderamente importa. Muchas personas inválidas y enfermas han sabido sobreponerse a la enfermedad y llevar una vida plena y fecunda como el caso que les vamos a contar a continuación. El beato Hermann von Reichenau nació muy enfermo con el paladar hendido, parálisis cerebral y espina bífida, pero ello no le impidió ser santo y dejarnos una oración tan importante como LA SALVE además de otros himnos litúrgicos, que si bien no son tan conocidos, son igualmente preciosos.
Su niñez fue muy dura y sus padres lo ingresaron en monasterio benedictino para que lo educasen cristianamente y cuidasen de él. Al cálido amparo de los monjes descubrió la vocación religiosa, en donde podía desarrollar santamente su sed de cultura en las principales ramas del saber clásicos y dominar varios idiomas. Las dificultades del cuerpo no impidieron que su alma volase en sabiduría. A pesar de su enfermedad nunca perdía la alegría interior y la paz del alma y desarrolló una tierna devoción por la Santísima Virgen, a la que empezó a dedicar bellísimos himnos en su honor, entre los que destaca sobremanera la  Salve Regina y en menor medida otros himnos también muy populares como el Alma Redemptoris Mater, ambos fueron incluidos en la Liturgia de la oración oficial de la Iglesia.

Salve Regina mater miseri cordiae, vita, dulcedo et spes nostra salve
Ad te clamamus, exsules filii Hevae
Ad te suspiramis gementes et flentes in hac lacrimarum valle
Eia ergo advocata nostra, illos tuos miseri cordes oculos ad nos converte
Et Jesum benedictum fructum ventris tui nobis post hoc exsilium ostende
O clemens, o pia, o dulcis virgo Maria