Lo más preciado que tenemos es el don de la fe católica, la verdadera Iglesia de Cristo y esto es lo más grande que podemos tener, bajo ningún concepto podemos cambiar de Iglesia dejándonos seducir por los cantos de sirena de las falsas religiones.

Muchos protestantes han intentado comprar a sacerdotes y fieles católicos a base de dinero, casas, coches, algo que puede ser muy tentador cuando no se tienen las cosas claras y flaquea la fe. Algunos lamentablemente han caído en este engaño, pues las cosas materiales no pueden saciar en sí las cosas de felicidad y más cuando vendemos a Cristo y su verdadera Iglesia por ellas.

Las cosas materiales deben ser simples instrumentos al servicio de nuestra salvación, si por el contrario son causa de nuestra perdición se convierten en malditas. En la Iglesia tenemos el tesoro de la Eucaristía y María Santísima y el ejemplo de Cristo pobre, como se medita en los ejercicios ignacianos. Esto no quiere decir que tengamos que vivir en la miseria, sino simplemente usar de las criaturas tanto en cuanto nos ayuden a conseguir nuestro fin que es la salvación y no usar de ellas si nos apartan de nuestro fin.