Tras el post donde advertimos del peligro de la masturbación para la vida cristiana nos han escrito varios católicos preocupados con el problema, pues no eran conscientes de la gravedad de este pecado, desgraciadamente muy común en nuestras sociedades tan secularizadas y llenas de hedonismo.

La pansexualización de la sociedad ha contribuido a la degradación de las costumbres y hoy en día es más difícil que nunca preservar la santa pureza. El pecado solitario de impureza afecta a muchas personas, pero en este caso mal de mucho no debe ser consuelo de necios, sino tratar de luchar para salir de ese problema.

Los remedios son los de siempre, los que siempre ha enseñado la Iglesia. Los volvemos a recordar, con el deseo de aquellas personas que tengan este problema, que puede ser un habito, los pongan en práctica:

Oración y frecuentación de los sacramentos

Devoción a la Virgen

Evitar las ocasiones

Estar ocupado y tener un plan de vida y un objetivo claro

Buenas lecturas, buenas compañías

Meditar en la gravedad del pecado y eternidad del infierno etc.

En cualquier caso nunca desesperarse y seguir luchando con la confianza de que si no queremos ofender al Señor y nos esforzamos Él nos dará la gracia para dejar este nefasto vicio, un pecado que las personas del mundo lo ven como algo natural y sin importancia, pero que es más grave de lo que parece, pues ofende gravemente al Señor e incapacita para una vida plena.