Decía Chesterton que cuando no se cree en Dios se puede creer en cualquier cosa y por ello cada vez están más de moda las prácticas esotérica, de satanismo, brujería…En esta ocasión nos referimos a esta última, que atrae por la estética, pero que encierra grandes peligros y malicias.

Durante este próximo fin de semana (17 y 18 de agosto) tendrá lugar en Ciudad de México una fiesta dedicada a las brujas llamada Aquelarre Fest CDMX  y tendrá entrada libre. Los participantes en el evento podrán convertirse en una verdadera hechicera, puesto que el acto contará con pócimas, conjuros y runas para experimentar.

La Iglesia nos recuerda que todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.

Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.

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