A la espera del veredicto oficial de la Iglesia sigue conmoviendo al mundo el milagro eucarístico que se dio recientemente en Paraguay donde el Señor muestra con un claridad impresionante que en la Sagrada Hostia está realmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Es impresionante la fotografía donde se ve con claridad la carne y la sangre de nuestro Señor.

Siempre hay que ser prudente en este tipo de noticias, pues estos hechos se prestan a posibles fraudes, aunque de momento el fabuloso milagro no ha sido desmentido todavía y esperamos lo que la Iglesia determine.

La Iglesia nos recuerda que por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Concilio de Trento: DS 1640; 1651).

En cuanto sacrificio, la Eucaristía es ofrecida también en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Dios beneficios espirituales o temporales.

El que quiere recibir a Cristo en la Comunión eucarística debe hallarse en estado de gracia. Si uno tiene conciencia de haber pecado mortalmente no debe acercarse a la Eucaristía sin haber recibido previamente la absolución en el sacramento de la Penitencia.

La Sagrada Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo acrecienta la unión del comulgante con el Señor, le perdona los pecados veniales y lo preserva de pecados graves. Puesto que los lazos de caridad entre el comulgante y Cristo son reforzados, la recepción de este sacramento fortalece la unidad de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.

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Impresionante milagro eucarístico en Paraguay…los testigos no dan crédito