Muy cerca estuvo de sufrir la pena de su infidelidad un congregante de María. Frecuentaba una de sus cofradías, pero luego se entibió y vino a dejarla enteramente. No le sirvieron ni súplicas, ni amonestaciones; fue menester que le avivase un alma del otro mundo. Estaba durmiendo una noche y ve a un padre que había conocido en la congregación, el cual le reprendía diciéndole: Joven perezoso, ya se ha dado cuenta de ti a la Santísima Virgen, bajo cuya tutela está la Congregación: si no te enmiendas, sabe que te espera un castigo formidable. Despertó, mas despreciándolo todo como un sueño se le apareció otra noche el mismo padre amenazándole con más aspereza; pero poco o nada sirvió, pues decía que de sus sueños no se debe hacer caso y quería vivir con libertad.

Otras inspiraciones y llamamientos más fuertes se necesitaron para hacerle entrar dentro de sí, como que no sólo había dejado la Congregación sino aún el temor de Dios. La tercera vez vio al referido padre también en sueños, el cual además de las reconvenciones parecía que le tomaba por la mano y le llevaba a la Iglesia, donde llegado le dijo: ¿Qué haces que no te confiesas bien? Hasta ahora has callado tal pecado; y le nombró. Despertó el joven con gran temor, y viendo que era verdad lo que le había pasado, fue al instante a la Congregación, se confesó con mucho dolor y arrepentimiento, y después perseveró en el servicio del Señor, que le miró con ojos de misericordia.

OBSEQUIO: Llevar al pecho la imagen de María, y estrechándola cariñosamente decirle con frecuencia: Sea vuestro, Madre mía, todo mi corazón.

JACULATORIA: Alábente mi corazón y mis labios, Virgen sacratísima.

Oración de la Festividad de la Santísima Virgen María, Medianera de todas las gracias: