Aunque ya hemos hablado en otros post de la masturbación es bueno seguir insistiendo en la malicia de este pecado, tan común que tanto ofende a Dios y paraliza la vida espiritual de muchas personas. Muchas personas se autoengañan pensando que es un desahogo de la naturaleza, que no hace daño a nadie y que Dios no lo tiene en cuenta. O reconocen que es pecado, pero de los menos importantes. Esto es un error producto de la escasa formación o de la malicia.

La Iglesia nos enseña que por masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. “Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado”. “El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine”.

Así, el goce sexual es buscado aquí al margen de “la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 9).

La masturbación es un pecado mortal, aunque solo en determinados casos la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales pudieran llegar a atenuar algo la responsabilidad del sujeto, aunque sigue siendo un pecado mortal grave que hay que combatir.