La abnegada labor de muchas enfermeras en el cuidado de los enfermos es impagable en todo el mundo y muchas veces no tan reconocida como se merece. Si además la enfermera es católica, se esfuerza en atender a los enfermos todavía más, pues ve en ellos el rostro de Cristo sufriente. También hay muchas órdenes religiosas dedicadas de forma exclusiva al cuidado de los enfermos.

En medio de la debilidad, de la impotencia, del dolor es más fácil encontrarse con Cristo que ha venido a darnos consuelo y a sanar nuestras dolencias de alma y de cuerpo. Desde el ejemplo de Nuestro Señor, los católicos estamos llamados a serlos  auténticos prójimos de nuestros hermanos enfermos. De modo especial, el domingo puede convertirse en un día dedicado a visitar a los enfermos. Así lo explica el “Catecismo de la Iglesia católica” (n. 2186):

“Los cristianos que disponen de tiempo de descanso deben acordarse de sus hermanos que tienen las mismas necesidades y los mismos derechos y no pueden descansar a causa de la pobreza y la miseria. El domingo está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a obras buenas y a servicios humildes para con los enfermos, débiles y ancianos”.