A mediados de los 80 en Chile se dio un diagnóstico prenatal muy extraño, que mostraba en la tripita de Rosa Silva una monstruosa criatura con tres brazos y dos cabezas. Los facultativos le insistieron que debía abortar ese monstruo.

Pero la madre no quiso abortar a pesar de todo. Finalmente una ecografía más precisa mostró que no era un niño deforme sino dos hermanos gemelos que estaban muy juntos.

Tras tener a las criaturas sanas y salvas la madre tendría la gracia años más tarde de ver que sus hijos Felipe y Paulo abrazaron el sacerdocio.

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