El actor estadounidense, Brad Pitt, aseguró que ha abandonado el ateísmo y ha regresado a sus raíces cristianas, enfatizando que sólo estaba siendo “rebelde” cuando le decía al mundo que no creía en Dios.

“Oh, hombre, he pasado por todo. Me aferré a la religión. Crecí con el cristianismo. Siempre lo cuestionaba, pero a veces funcionaba. Y cuando me sentía solo, lo dejé completamente y me llamé agnóstico. Intenté algunas cosas espirituales, pero no me sentí bien. Luego me llamé ateo por un tiempo, siendo rebelde. En realidad no lo estaba. Pero me etiqueté así por un tiempo”, confesó Pitt, de 55 años, en una entrevista con CQ.

El galardonado actor y productor, que fue criado en una iglesia bautista, declaró que no era reacio a creer de nuevo, pero fue muy difícil. “Y luego me encontré regresando a creer: odio usar la palabra espiritualidad, pero solo para creer que todos estamos conectados”, agregó.

La Iglesia nos recuerda que “muchos […] de nuestros contemporáneos no perciben de ninguna manera esta unión íntima y vital con Dios o la rechazan explícitamente, hasta tal punto que el ateísmo debe ser considerado entre los problemas más graves de esta época” (GS 19, 1).

El nombre de ateísmo abarca fenómenos muy diversos. Una forma frecuente del mismo es el materialismo práctico, que limita sus necesidades y sus ambiciones al espacio y al tiempo. El humanismo ateo considera falsamente que el hombre es “el fin de sí mismo, el único artífice y demiurgo único de su propia historia” (GS 20, 1). Otra forma del ateísmo contemporáneo espera la liberación del hombre de una liberación económica y social para la que “la religión, por su propia naturaleza, constituiría un obstáculo, porque, al orientar la esperanza del hombre hacia una vida futura ilusoria, lo apartaría de la construcción de la ciudad terrena” (GS 20, 2).

En cuanto rechaza o niega la existencia de Dios, el ateísmo es un pecado contra la virtud de la religión (cf Rm 1, 18). La imputabilidad de esta falta puede quedar ampliamente disminuida en virtud de las intenciones y de las circunstancias. En la génesis y difusión del ateísmo “puede corresponder a los creyentes una parte no pequeña; en cuanto que, por descuido en la educación para la fe, por una exposición falsificada de la doctrina, o también por los defectos de su vida religiosa, moral y social, puede decirse que han velado el verdadero rostro de Dios y de la religión, más que revelarlo” (GS 19, 3).

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Redacción de Hispanidad Católica