Transformado por la imagen del Sagrado Corazón de Jesús el corazón del criminal Felipe Heisperg, fue como desconocido, por su conducta penitente y edificante. Repetía que perdonaba a todo el mundo, y que no había género de muerte que no mereciese para satisfacer a la justicia de Dios y a la de los hombres. Se confesó varias veces, y el Corazón de Jesús que había empezado su conversión, penetró de compunción esta alma hasta el punto que sus ojos se convirtieron en dos fuentes de lágrimas. Visitándole el Sacerdote en la mañana siguiente para consolarle, le halló triste; preguntándole la causa de su tristeza, se postró en tierra implorando la divina misericordia con grandes gritos. Creía el Sacerdote que tales gritos procedían del temor del infierno. Otro motivo más noble le movía; era el amargo pesar de no haber jamás amado, decía el reo, a un Corazón que ha amado tanto a los hombres, y ver que no le quedaba tiempo para amarle. Deseaba ya una sentencia de muerte más rigurosa por sus crímenes, lloraba el escándalo público que había dado; puesto de rodillas me suplicaba, dice el Sacerdote, que muy de mañana fuese yo a visitar a los jueces, y les pidiese perdón en su nombre de las horrorosas maldiciones que había vomitado contra ellos.

Protestaba delante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, que en su actual disposición sufriría voluntariamente las penas del Purgatorio más terribles, hasta el día del juicio, para satisfacer por sus pecados a la divina justicia. ¡Cuán reconocido estaba al Corazón de Jesús! Cuántas veces me dijo, oh mi amado Padre, si no me hubieseis traído esta santa Imagen del Sagrado Corazón de Jesús, jamás, jamás hubiera yo perdonado a mis jueces.

¡Bendita sea la misericordia del Sagrado Сorazón de Jesús!

PROPÓSITO

Al levantarme, al medio día y por la noche, daré gracias a Dios por haberme preservado del pecado, por la paciencia con que ha sufrido mis defectos; por las inspiraciones y buenos pensamientos que me ha sugerido para que amase la virtud y aborreciese el vicio.

JACULATORIA

Vivid en mí, Jesús mío, por la gracia, para que yo viva en Vos por el amor.

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