MÁRTIRES DE BARBASTRO 1936.
Entrevista de NSEradio.com. a Enrique Calicó

¿Podían recibir la sagrada Comunión en la cárcel?

El jefe de los anarquistas, que era un ex seminarista, sí sabía de la fuerza espiritual que la podían recibir de la comunión, la oración y demás sacramentos, por eso había dado órdenes tajantes, prohibiendo los sacramentos y toda clase de manifestaciones religiosas y espirituales. ¿Podían comulgar? En realidad no podían, pero el Señor les facilitó, como a tantos perseguidos en todo le mundo la manera de comulgar diariamente.

Los primeros días, podían comulgar gracias a la Reserva de los Sagrarios que pudieron retirar a tiempo y esconderla en un maletín sagrario itinerante. Luego, agotadas todas las Sagradas Formas, el P. Sierra introducía en el pan que se repartía a cada uno con el chocolate para el desayuno, una Sagrada Forma. ¡Con qué alegría recibían los seminaristas aquel Pan de Vida!

¿Qué espíritu tenían estos seminaristas y sacerdotes? y ¿cómo lo sabemos?

Bueno, ya hemos hablado de su fortaleza espiritual. Decididos a seguir a Cristo en la cruz, no se amedrentaban delante de la perspectiva de la muerte, más bien agradecían a Dios que les hubiera escogido para derramar su sangre por Cristo y su Iglesia y ofrecían su ya esperado martirio para la conversión del mundo en especial para aquellos hombres que los iban a llevar al paredón, a quienes perdonaban de corazón.

Dejaron su testimonio escrito por doquier, en las paredes, en papeles, los del chocolate, en tejidos y en pañuelos; muchos de estos los milicianos los hicieron desaparecer o destrozar, pero algunos se salvaron, pues un montón de papeles que le dieron a la cocinera para que los quemara, ella los guardó (bajo el ponedero de las gallinas), otros escritos en la madera del taburete del piano, en el escabel, paralepípedo de madera.

Entre los seminaristas había 2 argentinos, Hall y Parusini, que fueron reclamados por el Cónsul en Barcelona. Ellos salvaron un montón de testimonios escritos, uno de ellos que vale la pena destacar es la “Ofrenda de los Mártires” firmada por nada menos que por 40 de ellos fechada el 12 de agosto (pág. 32).

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Redacción de Hispanidad Católica