Varias personas protestantes, acompañados de sus pastores, fueron a la clínica abortiva Whole Woman’s Health en el norte de Austin, Texas, para «dar la bendición» a su trabajo que acaba con la vida del bebé, según el Texas Observer. Unos 20 líderes cristianos se dieron cita y cantaron: “Aleluya. No temas. Eres amado. Bendice esta sala. Bendice este útero”, en la sala de espera del centro de abortos, según el informe. Otros insistieron en que las personas religiosas pueden apoyar el aborto. 

Estas noticias suelen ser silenciadas, pues siempre se centra el foco en todo lo malo que hace la Iglesia, sin embargo se es más benévolo con otras confesiones.

La Iglesia recuerda que la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1).

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can. 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.