La sociedad post-moderna en la que el hombre se desenvuelve, se ha sumergido en una cultura antirreligiosa que no permite que la humanidad encuentre el sentido auténtico de la vida. Pero Dios, en su designio de puro amor, suscita siempre en su Iglesia hombres dispuestos a guiar a los pueblos por un camino de paz y esperanza. Vale la pena orar por estos servidores. Vale la pena ser sacerdote.