El 16 de Julio de 1766 fue condenado a morir en un cadalso un hombre de carácter feroz llamado Felipe Heisperger, en la ciudad de Amberg, por el crimen de homicidio. Apenas tuvo noticia de su sentencia, se enfureció contra sus jueces, odiándolos y citándolos en el tribunal de Dios. Rompió cuanto le venía a las manos, pedía al demonio que se llevase a él y a sus jueces. Viéndole en tal situación el Sacerdote que le asistía, le presentó una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, por el que Jesús se ofrece a los hombres y les invita al reconocimiento por la herida que su amor ha abierto en este Corazón para salvarnos. En la primera noche apenas el criminal se dignó mirar la imagen.

Pasó aquellas horas dominado por el mismo furor. Volví a ofrecérsela, dice el Sacerdote, en la mañana siguiente; le supliqué que a lo menos una vez se arrodillase delante de la imagen para adorarla. Luchan opuestos sentimientos, en su corazón perplejo no sabe qué partido tomar. Insistí con suavidad y le rogué que, a lo menos, dirigiese una mirada sobre este amable Corazón. Por último se rinde, fija atento sus ojos en la santa imagen, y se ve temblar de pies a cabeza. Se arrodilla, ora, gime, llora, corren las lágrimas por su rostro. La agitación en que se halla su corazón le impide hablar y manifestar su sentimiento; pero pronto, en medio de sollozos, levanta su voz, dirigiéndose a la imagen y dice: ¡oh Salvador amable!, no, yo no puedo rehusaros mi corazón, viendo que Vos me ofrecéis el vuestro con tanta bondad. Convertido y reconciliado con Dios murió santamente.

PROPÓSITO
Tener en el aposento una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, saludarla al entrar y salir de él, y por la noche y por la mañana rezar delante de ella alguna oración.

JACULATORIA
Me buscáis, Señor, como oveja perdida, libradme de las fauces del infierno.