Un libertino cuenta de esta manera su conversión

Era el primer domingo de Octubre, y maquinalmente entré en la iglesia de los Dominicos que estaba muy iluminada y embalsamada con el perfume de las rosas; muchedumbre inmensa llenaba el templo. Pregunté a una pobre mujer qué significaba aquel tan gran concurso de gente, y me dijo: “Es la fiesta del Santo Rosario, y para recuerdo van a dar los Padres una rosa a todos los asistentes.”

Tengo pasión por las flores, y especial predilección por las rosas; así que, me esperé para obtener una. Cuando el Padre me dio la rosa, parecía que adivinaba que yo estaba allí por casualidad; la recibí, y salí de la iglesia. Me había propuesto pasar aquella noche en un lugar de disolución, pero me avergoncé de mí mismo, pensando que llevaba una rosa bendita. Me fui a mi casa, y puse la rosa en el retrato de mi madre. ¡Pobre madre mía! parecía que me miraba con más ternura; quizá habían guiado mis pasos sus oraciones en el cielo. Me acosté pensando en mi porvenir, que veía ligado de especial manera a aquella rosa. Decíame a mí mismo: ¡quién sabe si no volveré a esa iglesia, y con la rosa en la mano me presentaré al Padre que me la ha dado, haciendo confesión de mis faltas!

Este pensamiento le perseguía por doquiera, y un mes más tarde entró en la misma iglesia, hizo confesión general, y fue después un fervoroso amante de la Virgen Inmaculada. Oración Virgen Inmaculada, Madre amantísima; contemplamos la naturaleza, y por doquiera encontramos un rasgo de vuestra hermosura. Sois la gloria del Paraíso y el ornamento de toda la creación; aventajáis a la rosa en hermosura, en pureza a la azucena, en blancura a la nieve, y ante el esplendor de vuestra belleza palidecen los más brillantes rayos del sol. Somos vuestros hijos, y en contemplaros tenemos toda nuestra gloria; nuestro deseo es amaros siempre más y más. Amén.

Práctica: Al contemplar la hermosura de las flores, pensaremos que nada son en comparación de la hermosura de María, y nos animaremos a amarla más cada día.

Jaculatoria: Ave María Purísima; sin pecado concebida María Santísima.

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Redacción de Hispanidad Católica