Virgen Santísima, Madre de Dios y Señora mía; postrado a vuestros pies, y en presencia de Dios omnipotente y de toda la corte celestial, os ofrezco y consagro, aunque pecador indignísimo, todo mi corazón con sus afectos y deseos. Y es mi ánimo y resolución dedicárosle para siempre, como cosa vuestra y de vuestro Santísimo Hijo.

Aceptad esta cordial oferta, benignísima Señora, unida a la que os hacen todos los santos, y alcanzadme la gracia de vivir únicamente para Vos y vuestro Hijo de hoy en adelante. Así lo espero con su divino auxilio y vuestra poderosa protección, y por mi parte lo prometo libre y gustosamente.

Abrasad mi corazón, oh Jesús y María, con el fuego ardentísimo del vuestro, para que alimentado en la tierra con la llama de la caridad, arda en vuestro amor en compañía de los ángeles y de los santos eternamente en el cielo. Amén.

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Redacción de Hispanidad Católica