Podemos correr el peligro, apoyados en las costumbres del famoso “que me hagan caso” de no enseñar a los jóvenes a decidir, ni a saber las consecuencias de nuestros actos, ni a asumir responsabilidades. Quizás somos culpables. La sociedad actual también se acomoda en eso, provocando que la juventud no sea capaz, alargando la adolescencia, creando infantiles sociales, personales o espirituales.

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Redacción de Hispanidad Católica