Fran, madrileño de veintiséis años y católico practicante, ha eliminado cualquier vestigio e inclinación homosexual de su vida. Gracias a la oración, el ayuno y la siempre eficaz pertenencia a la fiel Iglesia de Cristo (a través de los sacramentos, la piedad y un profundo conocimiento de las Sagradas Escrituras en materia de moral).

Sirva su testimonio de conversión, para que otros sigan idéntico camino hacia la Salvación. Y no se fabriquen una iglesia a su medida. Personalista y caprichosa. Hasta el punto de quitar o poner, más veces quitar, en función de que atañe o “perjudique” a los intereses carnales, materiales y de protagonismo.

Recordemos las enseñanzas de nuestra Santa Madre Iglesia Católica al respecto:

2357 – … La Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358 – … Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

Ver la entrevista de Fran en UN CAFÉ CON VICENTE de ADORACIÓN Y LIBERACIÓN: