El Padre Sam es un buen sacerdote y es de agradecer este acto de humildad de pedir perdón por algo que no hizo de mala fe, aunque fue una falta de delicadeza hacia la dignidad de la Eucaristía.
Si uno tiene un pequeño fallo es bueno reconocerlo y pedir perdón al Señor primero y a los hermanos después. A veces los apostolados en según que lugares son muy precarios y Dios tiene en cuenta esas limitaciones. Al no haber mesa se buscó un barril como solución de emergencia, aunque como aclara el padre no es correcto. Al margen de este detalle que no era lo más propio para una exposición fue una adoración muy bendecida con muchos frutos espirituales.