Hay muchos que se sienten atraídos por la Iglesia Católica, pero se resisten, con la excusa de que no tienen suficientes pruebas de su verdad. Pues bien, admito que alguien pueda no tener pruebas ya, y que no se convierta de repente; pero puede buscar, puede tomar la decisión de aclarar sus dudas, en vez de dejarlas de lado, aunque ello le cueste tiempo y trabajo.
El sentimiento más hondo de su corazón debería ser: <¿Qué debo hacer para salvarme?> El mejor consuelo lo encontrará en la promesa: Pedid y os darán, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán.

Si en cambio se pone a discutir sobre esta o aquella prueba concreta, si no piensa en indagar por su cuenta para ver dónde se encuentra la verdad, si se conforma con admirar a la Iglesia, y lo reduce todo a eso, habrá que decir que su comportamiento es el de alguien que ama su bienestar personal y las comodidades de la vida, su reputación personal ante el mundo, la compañía de sus amigos, los intereses mundanos, y que considera que la verdad religiosa no merece el sacrificio de todas esas ventajas temporales.

Cardenal John Henry Newman.

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