En época de confinamiento muchas personas tienen sentimientos de miedo, de desesperación de rabia, de impotencia. En esos momentos de tristeza y de aburrimiento uno es más tentado de caer en pecados de impureza bien sea viendo malas películas o revistas o cayendo en la masturbación. Hay que evitar caer en esta tentación porque manchamos el alma y la incapacitamos para amar a Dios. La masturbación es un pecado mortal grave que ofende mucho a Dios y que es un hábito vicioso que hay que tratar de cortar de raíz. Si se cae en él no hay que desesperar sino hacer una pronta confesión y poner todos los medios para no volver a caer. La masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona. Hace del placer sexual algo egoísta, cuando Dios lo ha hecho para ser compartido dentro del matrimonio. Quien se deja esclavizar del vicio de la masturbación puede arruinar la armonía sexual de su matrimonio.

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