Como comenta el obispo, no es la primera vez que la Santa Espina es instrumento de un prodigio: algo similar ocurrió en 2005 y 2016 cuando coincidieron las fechas de las celebraciones.

Tradicionalmente, la coincidencia del 25 de marzo con el Viernes Santo representa que Cristo es la luz que viene a iluminar el mundo, pero también es el verdadero Cordero inmolado que redime a la humanidad y restaura su plenitud.

Pero esta vez no ocurrió en un año en que coincidían la solemnidad de la Anunciación del Señor y el Viernes Santo. Ocurrió súbitamente en este día en que celebramos la Pasión de Jesús. ¿Por qué?

A juicio de monseñor Mansi Cristo quiere dar un mensaje especial en este contexto de sufrimiento y enfermedad.

Según el obispo, las personas “están sufriendo de muchas y variadas formas: la enfermedad en la propia carne o en la de la familia y amigos, la muerte de seres queridos y la imposibilidad de acompañarlos.

Creo que el Señor quería decirnos que su pasión continúa en el dolor de muchos hombres y mujeres de todo el mundo. Pero también que esta pasión, como la tuya, aunque dolorosa, es una penúltima palabra, porque la última es siempre una palabra de vida y esperanza.

Es la palabra de Pascua, de la resurrección, de la victoria de Cristo sobre la muerte y de la redención de toda la humanidad “.