Portada del libro

CARTAS DE CRIOLLOS EN LA SECESIÓN DE CHILE

Por Ángelo Guíñez Jarpa

TOMA DE TALCAHUANO

(27 de marzo 1813)

Querido hermano:

Le escribo para contarle que hemos tomado Talcahuano con cierta facilidad. El “mentáo” almirante Pareja es buen jefe, y los soldados valdivianos son bien “paleteados”. Lo mejor fue que tuvimos pocos heridos entre los chilotes, aunque tampoco es fiesta esta cosa de la guerra.

Todos esperamos que este lío termine pronto, por lo que quiero pedirle que cuide de mis animales y de mi vieja que apenas anda. Dígale que estoy bien y que no se preocupe por mí. Intentaré mandar plata cuando pueda aunque se ve desordenada la cosa.

No sé, querido hermano, cómo llegamos a esta situación. Desde el Parlamento de Quilín de  1641, los acuerdos con los caciques sureños formaron nuestra raza. Mitad español- mitad huilliche, levantamos ciudades en este indómito Sur del mundo, pero la Junta de gobierno de 1810 abrió la puerta a quienes escondieron el puñal en sus abrazos. ¿Llegará la sangre al río separando a hermanos?

Eso pensamos… ¿Se acuerda? Bueno, le cuento que ya pasó. Como no sé si está enterado del origen de esta guerra, repaso algunos hechos. En vísperas de la primavera de 1810, malas nuevas llegaron de Santiago. Con el rey Fernando preso por los franceses, algunos “encopetados” santiaguinos se “arrancaron con los tarros” y se hicieron con el poder. Desconocieron su sangre, la voz de su madre, y la cuna que aún se mece. Nosotros, siempre  fieles al cascarón, convertimos hasta las herramientas de trabajo en armas como obligación sagrada.

Es increíble, pero el mal fruto es capaz de matar al árbol y hasta a las mismas raíces. El Virrey Abascal, desde Lima, advirtió a los traidores la desolación que traería la guerra. Sin embargo, los hijos del vocal De la Carrera hicieron un golpe a la junta en 1811 con la arrogancia de “hijitos de papá”. Criados con leche de burra, entraron a “revolver el gallinero” y armaron a sus peones para llevarlos “a la leva” al Sur. Así, el nuevo gobierno marchó a hostigar al bastión más fiel de la monarquía española. Mientras avanzaba la tropa de langostas, el Virrey mandó al almirante Pareja a detener a los insurgentes y a pregonar la paz en el reyno.

El almirante desembarcó en San Vicente el 23 de febrero de 1813 con cuatrocientos cincuenta veteranos (donde vengo yo) y ochocientos voluntarios de Castro, más una brigada de artillería de seiscientos soldados de Valdivia. Nos formó en la playa de Caleta Lenga y en acto de suprema nobleza intimó humanidad a los secesionistas con este discurso que pude anotar y quiero compartir con usted…

“Soldados:

 Ya están vencidas las dificultades y molestias del viaje. Todo lo ha allanado vuestro ardor y constancia; y estando ya vosotros reunidos en este sitio, es tiempo de principiar a ejecutar lo que os anuncié en Valdivia. El feliz éxito de tan noble y atrevida empresa depende principalmente de la puntualidad y observancia de los preceptos de vuestros oficiales. Prestad, pues, una ciega obediencia, en cuanto concierne al servicio, porque sin ello no podréis jamás sentir las inefables emociones del triunfo. Sobre el campo del honor que estáis pisando habéis de recoger los lozanos laureles que han de inmortalizar vuestros nombres en los fastos de la historia de esta América. Dentro de muy pocas horas se manifestará la senda porque debéis marchar. Creo que los penquistas se rendirán con docilidad a mis insinuaciones de paz, y entonces habréis alcanzado una victoria tranquila y apacible, sin que las lágrimas humedezcan vuestras mejillas ni la sangre de los hermanos tiña vuestros reconciliadores aceros. Pero si para tormento de mi paternal amor se obstinasen en desatender mis insinuaciones, ¡qué teatro de calamidades y desastres prestará a sus ojos la venganza! Soldados: moderad por ahora los ímpetus de vuestros pechos marciales, y no desesperéis de que se restablezca el trono de la equidad y justicia por los medios de la moderación y mansedumbre que he adoptado al presente; y cuando la necesidad precise a echar mano de la fuerza, no peleéis sin acordaros de que en los campos de batalla resplandecen con mejor brillo las virtudes de los héroes, y economizad en cuanto sea posible la sangre preciosa de vuestros hermanos, parientes y amigos.

 Almirante Pareja”.

Regar con sangre hermana esta tierra está fuera de los campos de Dios. El almirante Pareja exigió rendición pero sólo recibió vientos de guerra. Al grito de ¡Viva el rey!, nos tomamos el puerto de Talcahuano defendido por el coronel De la Sota, con doscientos cincuenta soldados que apenas ofrecieron resistencia. Y, por suerte, la razón iluminó al sargento mayor Jiménez Navia, quien se pasó a las fuerzas realistas con ochocientos soldados de línea.

¿Qué tipo de súbditos saquean al rey en su ausencia? Vimos como las huellas de cureñas arañaron los ríos de la tierra del Copihue. Soldados con mantas y ojotas asistimos al llamado de nuestro rey. Pala, picota, puñal y lanza, enlazamos a rosarios. Escapulario al cuello, no dudamos en embarcar al continente para defender el honor del Sur. Aunque quede un solo chilote habrá voluntad de pelear. No soportaremos que se ofenda nuestra fe, la tierra que nos ve nacer y morir, en dolor y gloria, en amor y eterna fidelidad a la madre patria.

Su hermano que le recuerda

Antonio Aguilar, cazadores de Chiloé

Talcahuano, 28 de marzo de 1813