Cacique araucano con uniforme de coronel, 1814

CHILE, DE CAPITANÍA GENERAL A ESTANCIA TRIBUTARIA

LA RESISTENCIA POPULAR A LA SECESIÓN (1813- 1832)

Por Ángelo Guíñez Jarpa

 

Cacique araucano con uniforme de coronel, 1814

 Nunca he querido ocultar, camuflar ni justificar la derrota de los ejércitos y milicianos realistas en el reino de Chile. No obstante, ya no puedo aceptar que en los libros de estudio se siga mintiendo, al borrar a los sureños criollos e indígenas de su fidelidad a la monarquía española. El punto nuclear de esta farsa histórica es que no hubo una guerra contra la madre patria. Cómo podría haber sido si nosotros éramos parte de España, por tanto españoles de América. Chile no era un país independiente antes de la llegada de los peninsulares para aspirar a una independencia, como pudiera ser el caso de Irlanda, respecto de Inglaterra.

coronel José Ordoñez, defensor del Talcahuano, 1817

El pueblo chileno no existía. Éramos cristianos, súbditos del rey, como todos los pueblos americanos. No existían las nacionalidades. España como república tampoco existía. No hubo independencias en América, sino secesiones instadas por Inglaterra, a través de logias masónicas, en la que destacó la “Lautaro”.

El trato con los indígenas en América siempre fue deferente y proteccionista. Las leyes de Indias son un ejemplo único en el mundo. Sólo basta mirar, con mediana agudeza, a quienes tienen enfrente para constatar que no fueron arrasados como sucedió en África con las colonias inglesas y holandesas. ¿Acaso el mismo hijo del Virrey O”Higgins no fue educado con hijos de caciques? En estos tiempos, alguien se imaginaría que los hijos del presidente de turno estudien bajo la misma instrucción. Se puede asegurar, además, que la labor de conformar los idiomas de los indígenas americanos, que tenían una cultura ágrafa, fue gracias a la llegada de los españoles, y a las congregaciones de dominicos y franciscanos.

Los indígenas, en los años de la secesión, se alistaron por el rey porque no eran ingenuos. Sabían perfectamente que las nuevas autoridades no respetarían los acuerdos que habían logrado con los reyes españoles. ¿Acaso alguien pelea por su opresor tantos años de ingenuo? La desgracia de la América Española fue la separación forzada de su madre patria. Deformada de su estado original, fue balcanizada en pequeños países que pasaron a manos británicas y norteamericanas, casi inmediatamente. De cuatro prósperos virreinatos, pasamos a estas desgraciadas naciones que, siguiendo el plan de nuestros enemigos históricos, permanecen distanciadas por insistentes políticas de odio de sus gobernantes.

De este modo, nada de raro es que casi todos los presidentes de Chile hayan sido miembros de la masonería. Qué tipo de motivación habrán tenido los oficiales Rondizzoni, O´Carroll, Beauchef, Miller, Tupper, Brayer y Cochrane por “liberar” a Chile después de haber combatido en las guerras napoleónicas. Dejo la reflexión.

En cambio, los ejércitos realistas de Chile, casi en su totalidad, estuvieron constituidos por criollos, milicianos e indígenas del sur. Y, no se debe olvidar, que los peninsulares apenas llegaron en forma de un par de batallones. “Curiosamente” se obvia que desde Lima también vino ayuda para las tropas realistas. ¿Alguien sabe que soldados del Perú pelearon en la gloriosa batalla de Rancagua, en 1814, “collereando” junto a chilotes, valdivianos y chillanejos? Por esto, las celebraciones del Bicentenario en 2010 pasaron sin pena ni gloria. Ningún cristiano puede celebrar separaciones, muerte y destrucción. La Hispanidad es nuestra lengua y la fe, lo más sagrado de un pueblo, y la unidad que debería guiar a nuestro destino. Por este motivo, tras 1818, en el episodio llamado “La guerra a muerte”, el cura Ferrebú, de la villa de Rere, tomó las armas junto a más de mil vecinos en defensa de sus valores sacros.

En el sur de Chile tuvimos resistencia hasta 1832 con los caudillos Benavides, Picó, Seguel, Senosian, los hermanos Pincheira y los caciques de la zona de Arauco, Los Ángeles y Chillán.
Creo, firmemente, que podemos volver a unirnos para proteger la Hispanidad. De tal manera, veo con alegría que todavía los niños de por acá, inconscientemente, ponen una cruz al enterrar una mascota.

Lo que no sabía la oligarquía que sepultó la historia del sur de Chile, en su ateísmo fanático, es que la resurrección de la memoria también existe. Es menester recordar que los genocidios en América, contra criollos e indígenas, comenzaron con las repúblicas. Como muestra en Chile… Guerra civil 1829, Guerra contra la Confederación peruano- boliviana (1836- 1839), Revolución de 1851 y 1859, Ocupación de la Araucanía (1861-1863), Guerra contra España (1865-1866), Guerra del Pacífico (1879- 1884), Guerra civil de 1891 y múltiples matanzas de obreros a principios de 1900. Dios guarde en su gloria a los héroes anónimos de las tierras del sur del mundo que brindaron su vida por Dios, su Rey y Tradición. Luchar por Dios, aún en una guerra perdida, brinda gloria en el otro mundo.

Por Ángelo Guíñez Jarpa