Nuestros amigos de El Diestro publican este artículo sobre las vacunas y su posible obligatoriedad que nos parece interesante extender:

En derecho, cuando alguien se dirige a un órgano administrativo, suele escribir: “Me dirijo al Servicio de…”. Eso es porque, en derecho, se da por supuesto que todos los órganos administrativos no son más que servicios para el ciudadano. Todos los ciudadanos pagamos para mantener ciertos servicios y todos los que trabajan (o juegan al Candy) en ellos tienen la condición de servidores… ¿Te cabe en la cabeza que un servidor pueda obligar a su soberano? ¿No es soberano el pueblo?

Un servicio es una facilidad, una utilidad, que se presta a cambio de dinero o de cualquier otra cosa que interese al servidor (De no haber interés de por medio, lo llamaríamos “ayuda”). Cualquier persona sensata da por supuesto que todo servicio se puede utilizar, o no, ¿estoy obligado a comerme todo lo que me sirva el camarero? ¿No puedo apartar los garbanzos si me da la gana?

La función de la administración es ofrecer servicios que faciliten la vida de los ciudadanos, que para eso pagan. Así, el servicio de jardinería tiene la misión de mantener los parques cuidados (Para que podamos pasear o no por ellos) y el de deportes tiene la misión de mantener limpia el agua de la piscina ¡Pero te Imaginas, si el socorrista nos obligara a bañarnos! Entre los múltiples servicios que ofrece la administración también está el de policía, para que podamos, por ejemplo, denunciar un hurto, o no (Pues también hay ciudadanos que deciden no denunciar, por las razones que sea) y el servicio de sanidad, al que puedes acudir, o no, para tratar alguna dolencia.

En el servicio de sanidad trabajan masajistas, que puedes rechazar, si no te gustan los masajes. También trabajan funcionarios que se dedican a organizar viajes para jubilados, a los que te puedes apuntar, o no. Y como no, hay médicos y enfermeros… ¿Cómo podrían estos servidores públicos intervenir, a la fuerza, sin contar con el consentimiento debidamente informado de aquellos que les pagan el sueldo? ¿Cómo podrían dar órdenes al pueblo soberano? ¿No sería una locura? Últimamente han puesto de moda introducir palitos en las narices de la gente… ¿Nos los podrían también meter, a la fuerza, por cualquier otro orificio? ¿Cuál es el límite?

En derecho, siempre hay que tener en cuenta el límite. Cuando alguien lo sobrepasa, cuando se pasa de la raya, cae sobre él todo el peso de la ley. ¿Cuál es el límite de lo que puede hacer un sanitario, en contra de la voluntad del paciente? Si buscas la respuesta en la ley, verás que ni siquiera habla de ello y eso es porque nunca hizo falta, ya que cualquier persona sensata da por supuesto que todo servicio se puede aceptar o rehusar y eso es tanto como decir que, rehusados sus servicios, el sanitario no puede hacer nada para oponerse a la soberana voluntad del paciente.

Entonces ¿Por qué hay personas que piensan que determinados servicios se pueden imponer obligatoriamente? La verdad es que, más que pensar, su problema es que no piensan. No es un razonamiento lo que defienden sino una creencia fruto de su incultura, una grave enfermedad que vuelve a la gente miedosa y, por tanto, irracional. ¿O no es irracional el miedo? Puestos a obligar a utilizar los servicios públicos, tal vez habría que empezar por obligar a los servidores públicos a utilizar el servicio de biblioteca. Así curarían su enfermedad, recuperarían la sensatez, y dejarían de servirnos miedo sin nuestro consentimiento.

También te puede interesar...

Artículo anteriorNo se necesitan más palabras, él mismo lo dijo.
Artículo siguienteCriptomonedas – I – Así conocí el Bitcoin