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El 1 de febrero, el Papa Francisco recibía en la Sala Clementina del Vaticano a una delegación de la Agencia Tributaria de Italia. Y como es habitual en él, volvió a demostrar que es de todo, menos lo que debería ser realizando una lamentable defensa de los impuestos con justificaciones absurdas y muy alejadas de la realidad.

Ante unas tasa impositivas como las que sufrimos en Europa, utilizó términos como igualdad y solidaridad con los que pretendió blanquear lo que no es más que un expolio económico a todos los ciudadanos. Francisco está a lo que está y no se molesta en disimularlo. No lo ha hecho nunca y no lo va a hacer ahora. Lean algunas de las “perlas” que dejó en su intervención.

La Biblia “no demoniza el dinero”, afirmó Francisco, sino que invita “a hacer un buen uso de él, a no ser esclavos de él, a no idolatrarlo”. El diezmo para los levitas, explicó el Papa remontándose al Israel bíblico, servía para «hacer madurar en la conciencia del pueblo dos verdades: la de no ser autosuficiente, porque la salvación viene de Dios; y la de ser responsables unos de otros, empezando por los más necesitados”.

“La legalidad en el ámbito de la fiscalidad es una forma de equilibrar las relaciones sociales, apartando fuerzas a la corrupción, la injusticia y la desigualdad. Pero esto requiere una cierta formación y un cambio cultural. Como se suele decir, la fiscalidad se considera como «meter las manos en los bolsillos de la gente». En realidad, los impuestos son un signo de legalidad y justicia. Debe favorecer la redistribución de la riqueza, protegiendo la dignidad de los pobres y de los últimos, que siempre corren el riesgo de ser aplastados por los poderosos”, afirmó en un momento de su intervención.

“Cuando los impuestos son justos, son para el bien común”, aseguró e invitó a trabajar para que crezca “la cultura del bien común, para que se tome en serio el destino universal de los bienes que la doctrina social de la Iglesia sigue enseñando aún hoy, heredándola de la Escritura y de los Padres de la Iglesia”.

“Las autoridades fiscales suelen ser percibidas de forma negativa si no está claro en qué y cómo se gasta el dinero público. Esto puede llevar a la sospecha y al descontento. Los que gestionan la riqueza de todos tienen la grave responsabilidad de no enriquecerse”, añadió.

Como verán, más de lo mismo en un personaje cada vez más decepcionante y más alejado de los fieles.

3 Comentarios

  1. El bien común tal y como tu lo entiendes es la antesala de la Dictadura según Popper y según las doctrinas comunista y nacional socialista que pusieron el bien común por delante de los derechos de cada uno de los individuos.
    El bien común lo establece siempre alguién. Porqué dejar en otro que te diga lo que es bien comùn.
    El bien común no puede ser utilizado por un mendrugo sin que se vea la trampa.
    Es bien común una subida de impuestos cuando deja a mucha gente sin empleo.
    Es bien común una subida del salario mínimo cuando deja a mucha gente sin empleo.
    El bien común bien entendido necesita de más expertos y menos voceros.

  2. Los impuestos tal como estan sirven para saquear y parasitar a trabajadores y empresarios. Con un diezmo sería suficiente sino hubiera tanto parasito chupando del bote. Y la prosperidad y riqueza de la sociedad en general sería enorme, ya que todos tendrían que tirar del carro y no solo unos pocos tirando y el resto subido a él.

  3. Mira Bergoglio, te explico el juego. Subo los precios de todo lo necesario, como la electricidad, cobro más impuestos por las altas facturas y publicito las ayudas a los más pobres en el mismo decreto que obligo a someterse con el bozal obligatorio.

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